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domingo, 9 de dezembro de 2012

LA FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN DE HERBERT MARSHALL McLUHAN




Maria Soledad Baladan Lemos

Samantha Cuello Muniz

Orientación del artículo:

Maestro Gerson Nei Lemos Schulz

Origen:

República Oriental del Uruguay










El presente artículo tiene por objetivo discutir la idea de que en la actualidad, la educación no es apenas un medio para obtener un diploma, sino que, por el contrario, como dice McLuhan (1911-1980), es algo continuo que posibilita el progreso del individuo. Por consiguiente, la educación no es apenas un lema de mercado, sino también una ontología. 

Maestro McLuhan (1911-1980)
La educación en el mundo contemporáneo es, sin lugar a dudas, un gran desafío. Existen abundantes enfoques filosóficos que tratan sobre la cuestión de educar a la par de las innovaciones tecnológicas que cada vez son más necesarias para el conocimiento y desarrollo, tanto individual como global. 

Herbert Marshall McLuhan, ex profesor de literatura inglesa en Canáda, profesor de diversas Universidades de Estados Unidos y autoridad mundial en comunicación de masas, fue, seguramente, el pensador contemporáneo cuyas ideas provocaron las mayores polémicas de los últimos tiempos. McLuhan fue un vanguardista que no temía las consecuencias de sus formulaciones teóricas, las cuáles buscaban abarcar todas las implicaciones que singularizan el mundo de nuestros días: la complexa red de comunicaciones en la que está inmerso el hombre, en tiempos de electrónica, cibernética y automatización, que afectan profundamente su visión y su experiencia de mundo, de si mismo y de los demás.

La "comunicación de masas"
McLuhan afirma que la educación de masa es el fruto de la mecanicidad. Está, se desenvolvió con el crecimiento de los poderes de producción y alcanza su apogeo, en el momento en que la civilización occidental se convierte en una experta en el arte de imponer sus productos masivos. En este contexto, la educación, era una tarea relativamente simple: bastaba descubrir las necesidades de la máquina social, y después reclutar y formar las personas que responderían a estas necesidades. La función real de la escuela es incentivar a las personas a descubrir y aprender, y con esto, hacer de su vida un progreso constante para moderar y controlar estos procesos de maturidad y evolución individuales. Sin embargo, el aparecimiento de las carreras profesionales, útiles o la formación de operarios especializados, constituye una pequeña parte del sistema educacional. De forma general, la escuela alimenta "cuerpos de conocimiento" condicionados, con un modelo padrón: de vocabularios, conceptos, formas de abordar el mundo en general.

En consecuencia, la competencia se estableció como la motivación fundamental de la educación en la sociedad, por este motivo se incrementaron demarcaciones: grados y diplomas de todo tipo, portadores de un prestigio y poder desproporcionado con sus papeles intrínsecos y bastantes limitados. Esta era, no obstante, se ha terminado, y hemos entrado en una nueva era de educación bastante diferente, donde gran parte de la producción mecanizada está sometida al control de sustitutivos electrónicos, capacitados para producir cualquier cantidad de objetos diversos a partir de un mismo material. 

En esta nueva era de educación, según McLuhan, surge la diversidad de puntos de vista y el juego de roles entre alumno y profesor, donde el educador del futuro tendrá la excitante y desafiante tarea de crear nuevas estrategias de enseñanza. 

http://www.enlaescuelademabel.com
El papel de la escuela se modificará y el profesor será integralmente el responsable por la eficiencia de su docencia, pues los alumnos del futuro tendrán la libertad de decidir dónde y cómo estudiar. El alumno del futuro vivirá como un explorador, investigador, un verdadero cazador, en ese inmenso terreno que será el universo de informaciones, y surgirán revalorizadas relaciones humanas. La escuela no conservará su papel primordial, pero tendrá que adaptarse a los inevitables cambios del mundo exterior. De esta forma la institución escolar será tan rica y atractiva, que todo abandono eventual por parte de los alumnos sera una excepción y por el contrario la escuela atraerá cada vez más seguidores entusiastas.

Por lo tanto, esta eventual evolución de la educación, será capaz de motivar a las personas a hacer hincapié en su desarrollo personal, observando el mundo con una perspectiva de aprendizaje duradero, atribuyendo a su propia existencia un sentido concreto, el saber, el patrimonio más importante de la humanidad, alejándose entonces de la ignorancia y el conformismo de este mundo que apunta hacia el consumismo como forma de vida.

Partiendo de esta perspectiva, podemos concluir que la educación del futuro no ocurrirá con el simple objetivo de buscar conocimientos que nos proporcionarán un medio de sobrevivir sino que, por otro lado, será el gusto por adquirir el saber. La educación será por tanto flexible a las necesidades de cada individuo, y este tendrá la facultad de ejercer el derecho divino de la libertad en su máxima expresión, pues podrá elegir aquello que le apetece para su vida, tomando en cuenta sus preferencias y aptitudes. 

La escuela tendrá la satisfacción de formar personas críticas, que no se encuentran en estado de alienación y que pueden exponer su opinión frente a las diversas situaciones que se les presenten. Crear un espacio donde la educación no sea sinónimo de monotonía y repetición de reglas anteriormente formuladas será un beneficio no solo para el que aprende, sino que para el que se encarga de impartir saberes, pues las posibilidades serán infinitas, ya que en nuestra opinión, para un profesor, no hay mayor deleite que ver a sus alumnos alcanzar sus metas y sueños, tomando una parte activa en el cumplimiento de ellos y desarrollando sus potencialidades.

Las ideas de McLuhan nos hacen reflexionar al respecto de que las potencialidades humanas son la mayor riqueza de un país y el único medio por el cuál ese país llegará a un progreso es a través del incentivo a la educación. 

Por lo tanto, una educación tradicional, intelectualista, cuyo objetivo principal sea el acúmulo de conocimientos no se acercan a las perspectivas de los alumnos, y si esto no ocurre, no existe posibilidad de que el mismo quiera pensar en su desarrollo cognitivo. Cuando utilizamos la escuela como un taller para la vida, sin embargo logramos que la educación sea orientada a la comunidad, a la sociedad, para una convivencia armoniosa y cooperativa, que promueva la responsabilidad y la conducta prosocial. Utilizar las potencialidades para llegar a ser todo lo que uno podría ser nos llevará a una vida mas plena, algo que, indudablemente, es tan ambicionado por cada individuo que hace parte de este mundo y que se encuentra al alcance de nuestras manos.

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